miércoles, 8 de febrero de 2017


Bello linaje




 
          Entre tu alma y la mía un niño dibuja un octógono,
una torre muy alta de silencio rompe aguas
al mirarnos las manos,
las líneas precipitan su hueco en desorden de lluvias, un púrpura de noche
va subiendo su nuca a la estrella con manto mullido, seda
que todo lo ve
que todo lo perdona
que todo lo siente.

         Alientas cada paso en firme, bella geometría del ocho,
nos digieres enteros en lo humano y lo divino,
cobijas al ser anfibio que torpemente inventamos.
Ángeles o demonios, no repudias la descendencia de la duda,
a tu linaje le construyes una mansión con vista al mar,
en el horizonte levantas tus mejores grúas de acero
y con sol braseas el suelo frío de la estructura majestuosa
que palpamos verso a verso, amor.

          Y es lo que pasa
cuando aún se tienen brazos y piernas
para tenerte, no importa a oscuras,
presente, con coraje y en serio.
 
Teresa Iturriaga Osa

 

 

miércoles, 1 de febrero de 2017


Entre papiros

 
 
 

Caderas de odalisca.
Las mías.
Todo empezó ahí.
Lo peor vino después, en un giro de las manos,
cuando no esperaba nada.
Llovieron los deseos por docenas,
el corcel se detuvo a beberme la sangre,
violentamente, enterré reproches y cáscaras
en las arenas del desierto,
podrían hacer más mal que bien al peregrino.
Y me puse en marcha.
Unos viajan para aprender, otros para enseñar,
yo estoy aquí para olvidar.

En vidas pasadas alisé mi cabello
con púas de escorpión,
lo rompí con palabras ásperas.
Caí en las redes de la costumbre.
Griterío de fonemas sin límite de crueldad
a bocajarro.
Ahora, en esta fuente pienso, cuido,
retengo cada sonido antes de hablar
no quiero herir,
callo del todo, para siempre,
masco el papiro de mis versos en silencio
por si acaso.
El odio no tiene fecha de caducidad.

 


Teresa Iturriaga Osa


miércoles, 11 de enero de 2017


Ecce Homo
 
 
        Era un árbol de capa caída, mustio el hombro, en mueca de esfinge, un eccehomo trazado sin pena ni gloria, carne de augurio y arco partido. Pero una mañana llegó a la estación una
mujer de improviso, calzada elegante, se bajó del tren en pleno tránsito de vida, y sus ramas temblaron, se le cayeron los errores por la vía, qué nerviosismo, había abierto las cortinas... ¡Viento, andén y chispa!
 
 
         Pasó corriendo una niña con el pelo enhebrado de copas y el gran reloj derramó burbujas en los manteles mortecinos. Una tras otra, las yemas comenzaron a danzar, abrazaron sus rizos de savia y musgo... Reptaron dragones de tinta por su piel, dibujándole un cuerpo vegetal con mil riachuelos.
Y allí donde había sombra, rugió una boca de luz.
Ese día le crecieron tres tigres en las manos. Dentro de un gran nido de ave, ciegos, tan blancos como el olvido. Cada uno de ellos merodeó la figura femenina. El pequeño la atacó en los pies. Otro olfateó su cintura con un giro travieso. Y el último, el más distante, dio un salto mortal y se encaramó a su nuca como un ágil bombero.
Resbaló por la rampa del ombligo y ella lo escondió bajo su jungla. A ese lo están buscando sus hermanos, han mirado por todas partes, pero de ahí aún no ha salido.
 
Teresa Iturriaga Osa
 
 
 

miércoles, 21 de diciembre de 2016

 
Llovía, caían perlas 
 

Teresa Iturriaga Osa
 
 
 

           Fueron llegando tus postales envueltas en lazos 
rojo satén a cubrirme el escote, 
en dirección al río atrevido, 
alféizar donde asomas tu vértigo de ave.
        Y entre las sombras me tumbé
a pintarme las heridas de azulejo.

        La tarde llovía y llovía, una tras otra caían las perlas, 
el color y esa voz tuya preñada de abismo sigiloso,
el ayer maquillado de poesía, un umbral,
           cristal, humo, el ojo inyectado de amor, 
la música hermana del resplandor y el ruido,
el anochecer interminable del recuerdo.

          Sin ti se ahogaban las luces, barahúnda de sonidos, 
horas del mar acosado, destilando distancias
en mi terraza enferma de fantasía.
Esperé.
             No vacilé.
El alma saturada. 

          Dos albatros en sus juegos de escondite
modulaban el negro intenso del tañido, 
un grito, un gorjeo en su violín. 
Con alas blancas despegaron a otro tiempo... 
no sé por qué les lancé un beso
            y me hablaron de ti.


(Tiempo de Saudade)
 
 

viernes, 16 de diciembre de 2016

 
Cuernos de gacela en el Café Maure
 
Teresa Iturriaga Osa
 
 
 
 
 
Ella no creía en la mala suerte, sino en el deber de afrontar la vida con sus miedos e impotencias… y a pesar de los pesares: “Al toro por los cuernos” (era su lema). Así que introdujo un disco de música en el ordenador para cambiar el tono trágico del paisaje y la estancia se llenó de luz. Vibraba Carlos Cano, vivo, vivito y coleando, las caracolas aún le resonaban en el pecho. Después, su mirada se lanzó al océano de fotones, una zambullida astral, un juego que había aprendido de niña mientras se aburría.
 
Salía del mundo visible sin ser notada, atrás quedaba la apariencia, la pose necesaria para que nadie se diera cuenta de que su verdadero ser ya no estaba. Siempre era al atardecer. Entonces bajaba las calles azules de la kasbah hasta la terraza del Café Maure a tomarse un té a la menta con pastas de almendra y miel. Allí se sentaba tranquilamente a observar la paz de las tinajas. Y sólo cuando cerraban la puerta de Bab El Kébir, ella regresaba a su antigua casa frente al mar.


*********

viernes, 9 de diciembre de 2016

 
Bodas de luz

 
 Teresa Iturriaga Osa

 

 
 
 
Cuando el atardecer se viste de terciopelo azul y un colorete malva recorre las mejillas de la costa,


desciende la luz por su alfombra nupcial y las almas se pasean en el festín sobre las rocas.


Hace un silencio de estrellas.


Una paz donde se cobijan los peces querubines y los pulpos reposan su hambre voraz.

 
Es la hora en que la noosfera absorbe el pulso del agua, abrazando lo mejor de nosotros.


Todo queda registrado, ya memoria y carne del salitre.


*********

 

viernes, 2 de diciembre de 2016

 
Mutaciones

Teresa Iturriaga Osa




 

Ha llovido mucho y recojo los sarmientos de la tierra que se orea a ritmo de latidos.

Ya no me salen las cuentas del campo, habría que podar este invierno del que nadie se cree la floración de las semillas.

Yo me resisto y exploro sus contornos con asombro de niña, sin plancharme las arrugas.

Una videncia hecha de mil colores me anuncia que las yemas no están lejos y que sabremos esperar el tiempo de la hierba.

Sencillamente.

Una tranquila perseverancia trae ventura.
Palabra de I Ching.


(Flashes, 2016)